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Hay personas que sin importar las adversidades que se interpongan en su camino, siguen avanzando. No hay nada que frene el deseo de superarse. Según la socióloga Brené Brown, se le llaman Risers. Y nosotros tenemos uno que nos representa, y que nos dio muchas alegrías.

Por eso hoy en hellomoto hablaremos de un deportista que desde el barro luchó para convertirse en un referente indiscutido de nuestro fútbol y llevar a nuestra selección a un mundial tras 36 años: sí, hablamos de Jefferson Farfán.

Inicios

Jefferson Agustín Farfán Guadalupe nació el 26 de octubre de 1984 en el Sector 16 de la Villa El Salvador. Como él mismo ha declarado varias veces, creció sin la presencia de su padre, y su madre ocupó ese lugar, además de ser una persona fundamental para que “la foquita” termine la escuela y cumpla sus sueños. “En los momentos más duros que he pasado, gracias a Dios he tenido a las personas indicadas a mi lado para poder sobresalir de la mejor manera”, confiesa Farfán a hellomoto.

La carrera en el fútbol comienza en las filas de Deportivo Municipal, donde sus gambetas y su don innato lo catapultaron al club de sus amores, Alianza Lima, con tan sólo 13 años. Tal es así que con tan sólo 16 años se produjo su debut frente a Deportivo Wanka, el 28 de julio de 2001, consagrándose como campeón también ese primer año como profesional.

Al siguiente año fue ganando su lugar hasta ser titular indiscutido, lo que lo llevó a grandes actuaciones durante 2002, 2003 y mitad de 2004, donde se lo llevó el PSV Eindhoven, un histórico de la Eredivisie, la Liga Holandesa de Fútbol, por 3.5 millones de euros.

“Yo estaba muy mentalizado, quería ser jugador profesional a corta edad para salir rápido al extranjero y mostrar mi potencial. Gracias a Dios lo logré, cumplí ese sueño y después lo que hice fuera ya todo el mundo lo sabe”, expresa el la foquita.

La consagración en Europa

En Holanda no hubo más que grandes actuaciones, que le permitieron en 4 años cosechar 67 goles, 6 títulos, y el amor de la afición del PSV Eindhoven. “Holanda es un país muy bonito, super liberal, pasé años maravillosos en el equipo que estuve”,  explica el jugador, y agrega: “la gente es muy linda, conocí además muchos sudamericanos, fueron 4 años magníficos”. 

Tal es así, que su gran fútbol lo llevó a la Bundesliga, más específicamente al Schalke 04. Ahí logró destacadas actuaciones, se convirtió en un favorito de la afición, y levantó dos copas. “Alemania fue el país donde más años estuve, la pasé increíble con todos mis compañeros. En algún momento también estuve con mi familia. Futbolísticamente fueron momentos increíbles, pudimos llegar a semifinales de la Champions League con el Schalke, campeonamos un par de copas ahí también.  Renové mi contrato allí y estuve 7 años, imagínense. Lo único que tengo para decir sobre mi estadía en Alemania es que fueron cosas muy lindas”, revela.


Su carrera continuó: 2 años en Al-Jazira, de Emiratos Árabes Unidos y otros 4 en el Lokomotiv de Rusia le permitieron cosechar otros 6 títulos. “En Rusia la gente es muy acogedora, muy linda, me trataron súper bien”, comenta “la foquita”.. De todas maneras, no hay nada como Perú: “El cariño y la unión de los peruanos para los tiempos difíciles es increíble. Llevo al Perú en mi sangre y estoy muy agradecido con todo el apoyo que la gente me ha venido dando los últimos años”. 

Un sueño imposible: el mundial

Si de hitos deportivos hablamos, hay uno que quedará por siempre guardado en nuestros corazones. El 15 de noviembre de 2017, al minuto 28 de partido: control de derecha cerca del punto penal del área y un remate potente al medio para que el balón acaricie la red y todo un país grite al unísono el gol que hacía real el sueño futbolístico que venía esquivo desde España 1982. Perú clasificando nuevamente al mundial.  “Teníamos una mochila bastante pesada con rocas, piedras y hasta con ladrillos, por tantos años de no poder ir a un mundial. Nosotros que somos los más referentes, los más grandes, hemos pasado muchas eliminatorias siempre con críticas y sufriendo, creo que ese fue el momento indicado y por eso fue que disfrutamos tanto la clasificación”, sostiene el 10 de la selección.

Con respecto al gol, expresa: “Siempre se me escarapela el cuerpo cuando lo veo, porque fue una sensación increíble en ese momento. Sensación que nunca en la vida había sentido ni en ningún otro equipo. Es un gol que siempre imaginé y soñé y que, para alegría de todos los peruanos, se dio en el momento oportuno”.

Los deseos, las frustraciones, las luchas, las buenas y las malas. Todas esas emociones se vieron reflejadas en nuestro riser, que con un grito desaforado, un llanto evidente, y la remera n°9 del gran Paolo Guerrero alta, mostraba su grandeza y su sello eterno en la historia del fútbol peruano.

“Para mi ser un riser tiene muchos beneficios, ya que a través de la fama que he ganado, puedo llegar a muchos niños y personas para ayudar y dejar un legado. Creo que dentro de lo que he realizado en mi vida, puedo ser un referente para los niños; me baso mucho en el hecho de que también pasé por todas esas situaciones, para poder ayudar”, cierra Jefferson Farfán, nuestro orgullo peruano. 

¡Gracias por las alegrías, Jefferson! y bienvenido al equipo Motorola.

Si les gustó esta nota, prepárense… vendrán más notas sobre Jefferson Farfán en hellomoto.

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